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El próximo miércoles 11 de febrero, la Iglesia celebra la 34° Jornada Mundial del Enfermo, que busca destacar a quienes sufren en el cuerpo y en el espíritu y a todos aquellos que los acompañan con gestos concretos de amor.
El mensaje de este año del Papa León XIV se inspira en la parábola del Buen Samaritano, para redescubrir la belleza de la caridad y la dimensión social de la compasión, tan necesarias en un mundo marcado por la prisa, la indiferencia y la cultura del descarte.
A la luz de la encíclica Fratelli tutti, del Papa Francisco, se nos recuerda que la compasión cristiana no es un esfuerzo aislado ni un sentimiento pasajero, sino una experiencia que se vive en relación con el hermano herido, con quienes cuidan y acompañan, y, fundamentalmente, con Dios, fuente de todo amor.
Así como Jesús nos enseña quién es el prójimo y cómo hacernos prójimos, eligiendo amar y acercarnos libremente al que sufre, el amor cristiano se revela como un amor activo, que va al encuentro del otro y se compromete con su dolor.
No se trata de filantropía ni de gestos superficiales, sino de una caridad que implica darse, compartir la propia vida y dejarse tocar por el sufrimiento ajeno, siguiendo el ejemplo de Cristo, el verdadero Samaritano que se inclinó ante la humanidad herida.
La parábola también muestra que el cuidado de los enfermos es una misión compartida. Familias, vecinos, profesionales de la salud, agentes de pastoral de la salud y voluntarios encarnan hoy esta acción eclesial, en la que se mide también la salud de nuestra sociedad y la autenticidad de nuestra fe.
Vivamos el estilo de vida samaritano: fraterno, valiente y solidario, para que nadie que sufra se sienta solo y todos puedan experimentar la cercanía sanadora de Cristo.
Lee el mensaje completo a continuación: