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Con la bendición de los ramos y la procesión, evocando la entrada de Jesús en Jerusalén, celebramos Domingo de Ramos el pasado 29 de marzo.
En contraste con esa alegría, la proclamación del Evangelio nos recordó que no solo el “Hosanna” de la multitud es lo importante, sino también el camino que llevará a Cristo a la cruz.
En su homilía, nuestro párroco padre Juan Debesa recordó que lo que refieren los evangelios “es de alguna manera un espejo de nuestra vida”.
“¿Quién no se ha sentido abandonado ante alguna situación penosa y difícil? ¿Quién no ha confundido lo que está bien con lo que le conviene?”.
“En esta Semana Santa seremos testigos una vez más de la fuerza destructora del mal y de la violencia, del daño que provoca el poder ejercido sin contrapesos. Y al mismo tiempo seremos testigos de la fuerza redentora de una vida entregada por amor: Jesús”, afirmó el padre Juan al tiempo que oró para que cada uno pueda vivir días de recogimiento, de profunda reflexión, de descanso y encuentro en familia.
Con esta celebración, hemos dispuesto nuestro corazón para acompañar a Jesús en toda su entrega. El mismo que es recibido con palmas, será luego rechazado y crucificado.
Caminemos con Cristo, contemplemos su amor y dejemonos transformar por Él.
Haz clic aquí para ver imágenes de la celebración de Domingo de Ramos en el Templo Mayor y la Capilla El Dorado