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El verano nos regala más tiempo y un ritmo distinto. Este febrero puede convertirse en una oportunidad concreta para vivir la Cuaresma con mayor conciencia. Si estamos de vacaciones o con días más tranquilos, regalémonos también un espacio para la lectura espiritual que ilumina y acompaña nuestro camino de conversión.
“El regreso del hijo pródigo” – Henri J.M. Nouwen
Una meditación profunda a partir de la parábola del Evangelio y del famoso cuadro de Rembrandt. Nouwen nos invita a reconocernos en el hijo que se aleja y, sobre todo, en el Padre que espera con misericordia. Una lectura muy apropiada para revisar nuestra relación con Dios en este tiempo de regreso.
“Imitación de Cristo” – Tomás de Kempis
Un clásico de la espiritualidad cristiana que ha acompañado a generaciones. Con un estilo directo y exigente, nos conduce a una vida interior más profunda, centrada en la humildad y el seguimiento fiel de Cristo.
“Introducción a la vida devota” – San Francisco de Sales
Escrito pensando en los laicos, enseña cómo vivir la santidad en medio del mundo. Nos recuerda que la devoción auténtica se encarna en la vida cotidiana y transforma nuestras relaciones y decisiones.
“Jesús de Nazaret” – Benedicto XVI
Una obra que nos ayuda a redescubrir el rostro de Cristo con profundidad bíblica y claridad teológica. Más que un estudio académico, es una invitación a encontrarnos personalmente con Jesús.
“La fuerza del silencio” – Cardenal Robert Sarah
En una cultura marcada por el ruido, este libro nos invita a redescubrir el silencio como espacio privilegiado para escuchar a Dios. Una propuesta muy concreta para vivir el ayuno también en lo interior.
“La práctica de la presencia de Dios” – Hermano Lorenzo de la Resurrección
Un pequeño tesoro espiritual que nos enseña a vivir en diálogo constante con el Señor, incluso en las tareas más simples. Esta obra ha marcado profundamente la vida espiritual del Papa León XIV, quien ha destacado en diversas ocasiones la importancia de vivir en constante presencia de Dios en medio de la vida cotidiana.
Aprovechemos el verano no solo para descansar el cuerpo, sino también para renovar el espíritu. Hagamos de estos días un verdadero camino hacia la Pascua.