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El miércoles 18 de febrero de 2026, en la audiencia general celebrada en la Plaza de San Pedro, el Papa León XIV continuó el ciclo de catequesis sobre los documentos del Concilio Vaticano II, con una reflexión dedicada a la Constitución dogmática Lumen gentium.
Bajo el título “El misterio de la Iglesia, sacramento de la unión con Dios y de la unidad de todo el género humano”, el Santo Padre retomó el núcleo del mensaje conciliar: la Iglesia no es una realidad encerrada en sí misma, sino un signo vivo del designio de Dios para la humanidad.
En la catequesis, el llamado a unir a las personas con Dios y entre sí
León XIV recordó que la Iglesia es expresión del plan amoroso del Padre: “unir a las personas con Él y entre sí” gracias a “la acción reconciliadora de Cristo”.
En un mundo atravesado por divisiones y fracturas, el Papa subrayó que la Iglesia es “sacramento de salvación”, por el cual el Padre nos hace “partícipes de su vida gloriosa con el alimento de su cuerpo y su sangre”.
Celebrar la Eucaristía, entonces, no es solo un momento devocional. Es la experiencia concreta de Cristo que nos reúne, derriba muros y nos hace un solo pueblo.
El “misterio” que se vuelve luz
El Papa explicó que el Concilio empleó el término “misterio”, tomado de san Pablo —en particular de la carta a los Efesios—, no para hablar de algo incomprensible. En clave paulina, el “misterio” es una realidad antes escondida y ahora revelada.
En esa línea, recordó que el plan de Dios es “unificar a todas las criaturas gracias a la acción reconciliadora de Jesucristo”, realizada plenamente en su muerte en la cruz.
La unidad se experimenta de manera especial cuando el pueblo se reúne para la celebración litúrgica. Allí las diversidades se relativizan y lo esencial es que nos encontramos juntos, atraídos por el Amor de Cristo, capaz de derribar separaciones entre personas y grupos.
También profundizó en el sentido de ekklesía, “asamblea convocada”. Nos reunimos porque Dios nos llama. Creemos en el Evangelio, nos dejamos atraer por la cruz —manifestación suprema del amor— y nos sabemos parte de un único pueblo peregrino en la historia.
Por eso, el Papa remarcó que la Iglesia es el misterio hecho perceptible: una comunidad visible llamada a ser signo eficaz de reconciliación entre los pueblos.
Una invitación para nuestra vida comunitaria
A la luz de esta catequesis, podemos preguntarnos como comunidad:
¿Vivimos como pueblo convocado por Dios?
¿Nuestra manera de celebrar la Eucaristía refleja la unidad que proclamamos?
¿Somos signos de reconciliación donde hay heridas y divisiones?
Pidamos la gracia de redescubrir la belleza de pertenecer a esta Iglesia, Cuerpo de Cristo y sacramento de salvación para el mundo.
Lee la reflexión completa del Santo Padre, haciendo clic AQUÍ.
Fuente: Vatican News