"Unidos en Cristo para Evangelizar"
07 de Enero de 2026
La Epifanía del Señor
 



Un signo del movimiento del ser humano hacia Dios

Queridas hermanas y hermanos en el Señor:

La Epifanía celebra la aparición, la manifestación del Hijo de Dios, del Mesías, de Cristo, a los pueblos paganos o gentiles.

Revelaste a tu Hijo a los pueblos gentiles. La fiesta de la Epifanía cierra el ciclo de Navidad. Es la revelación a todos los pueblos, razas y naciones.

A esta iniciativa de Dios de revelarse (mostrarse) le corresponde la respuesta de fe del ser humano. No se puede permanecer indiferente. Tiene que haber una respuesta de adhesión, de confianza, de reconocimiento y de adoración. ¡Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra! El homenaje que los Reyes Magos ofrecen a Jesús, junto con sus obsequios (oro, incienso y mirra), es el símbolo de este otro movimiento que hay que poner en marcha: el movimiento del ser humano hacia Dios.

El largo camino de los Reyes Magos, venidos de Oriente, que se pusieron en camino al descubrir la estrella, es el modelo del camino de la fe que todo ser humano ha de emprender al descubrir la luz de Cristo que brilla en las tinieblas. La humanidad entera está llamada a recorrer este camino. En este camino de fe hay muchos pasos que dar y muchos peldaños que subir. Fe, oración y testimonio son los tres pilares de toda vida cristiana: creer en Cristo, adorarle y dar testimonio de Él es el programa básico de cualquier cristiano.

La estrella, esa luz tenue, sesgada, oblicua e indirecta, como es Dios, es el signo que Dios da para que todos los pueblos lleguen al lugar donde ha nacido el Rey. Los Reyes Magos de Oriente encuentran a su Señor y se llenan de inmensa alegría.

El oro era para indicar que Jesús es Rey, símbolo del amor. El incienso era para indicar que Jesús es Dios, símbolo de la oración, y la mirra era para indicar que Jesús es hombre, símbolo de la humanidad sometida a la muerte.

Sepamos reconocer en el pan y el vino la total presencia de un Dios que se ha hecho pequeño por nosotros. Adorémosle con inmensa alegría, abramos el cofre de nuestro corazón y ofrezcámosle al Señor todo lo que somos y tenemos: el oro de nuestro amor al Rey, el incienso de nuestra oración a Dios y la mirra de nuestra humanidad al Hijo del Hombre.

María ofrece al mundo, a la Iglesia y a nosotros el cofre que contiene a Cristo, Rey, Dios y Hombre.

Feliz Año Nuevo para todos.

 

Los bendice su párroco,

P. Juan Debesa Castro


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