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Estimadas hermanas y hermanos en el Señor:
Ya muchos están tomando sus vacaciones y otros las tomaremos en febrero. A todos les deseo unas felices y buenas vacaciones.
Las vacaciones es un tiempo privilegiado para descansar y hacer lo que ordinariamente no hacemos durante el año de trabajo. Vacación viene del verbo latino “vacare”, es decir, estar vacío, desocupado para el “ocium”, que no es estar de ocioso y no hacer nada o flojear, sino que “ocium” viene de la época de los romanos, que se daban espacio para sí mismos, para estar con sus familias, para jugar o descansar.
Aprovechen este tiempo de vacaciones también para estar más cerca del Señor, en la oración o en la contemplación de la naturaleza.
El Tiempo Común u Ordinario de la Liturgia es el tiempo donde la Iglesia nos invita a reflexionar y a contemplar la vida ordinaria del Señor en el ejercicio de su Ministerio de Sanación y de la Palabra. Jesús, en los Evangelios, aparece dando vida y salvación al ser humano, que se acerca a Él con necesidades físicas y espirituales. Así lo vemos predicar, enseñar y sanar las dolencias de la gente, y expulsar demonios.
Durante seis semanas, a partir de la semana pasada, estaremos contemplando al Señor en estas tareas y, sobre todo, enseñando a la gente. Durante esta primera parte del Tiempo Común, la liturgia nos adentra en esta faceta tan humana y divina de Jesús. El 18 de febrero comenzará la Cuaresma con el Miércoles de Cenizas y se interrumpe el Tiempo Común hasta después de Pentecostés, donde de nuevo se retoma el Tiempo Ordinario hasta la Fiesta de Cristo Rey del Universo.
Así va transcurriendo el año litúrgico, de la misma manera como avanza nuestra vida, siempre hacia adelante, porque Dios es un Dios del futuro, que nos lleva de la mano y va conduciendo la historia del mundo y la nuestra, en la esperanza de encontrar siempre nuevos caminos de paz y de unidad.
Caminar, caminar, nunca para atrás mirar,
siempre avanzar, caminar hacia ti, oh Dios,
y llevar en el alma el deseo de triunfar,
siempre sonreír y olvidar que hubo que partir.
Llegaré hasta donde nadie hoy llegó,
y si puedo iré más allá, caminar, caminar.
Les deseo a todos unas felices y reparadoras vacaciones y que aprovechen bien este tiempo de gracia y de cercanía con sus familias y con el Señor.
Los bendice su párroco,
Juan Debesa Castro