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Queridas hermanas y hermanos en el Señor:
Después de celebrar la Fiesta de Pentecostés, la Iglesia y la Liturgia nos invitan a contemplar el Misterio de la Santísima Trinidad, es decir, la unidad de la naturaleza divina en tres personas distintas, pero iguales en dignidad.
En el siglo IX, Alcuino de York (740-804), teólogo, religioso, filósofo, gramático, matemático, erudito, pedagogo anglosajón y capellán de Carlomagno (748-814), considerado el primer ministro de Educación de la historia, compuso un formulario de Misa de la Santísima Trinidad que tuvo mucha difusión en la Liturgia Franca hasta el siglo XIII.
Los Papas de Roma resistieron la introducción de tal fiesta litúrgica, hasta que, en el año 1334, el Papa Juan XXII (1316-1334) la extendió obligatoriamente a todo Occidente, en el lugar que todavía hoy ocupa: el domingo después de Pentecostés.
Las oraciones y el prefacio de la Misa presentan la teología del Misterio Trinitario. Ofrecen también una contemplación de la vida íntima trinitaria y la relación de comunión que existe entre las tres divinas personas y su misión hacia el mundo.
La Trinidad es una comunión de personas y, por lo tanto, Dios no es un solitario, sino comunidad de personas, icono (imagen) de la Iglesia y de la familia humana.
Con la contemplación del misterio trinitario, en su relación de intimidad y de comunión, la Iglesia quiere poner de relieve la fuente y la meta de la historia de la salvación: la comunión de las tres divinas personas, que es la imagen de la Iglesia comunión y familia.
La manera más fácil de comprender este misterio, que por serlo no es misterioso, es decir, que se va mostrando o revelando de a poco, es a través de las tres dimensiones de la vida que existen en todo ser humano, independientemente de la fe. Estas son las siguientes:
Las tres dimensiones se aceptan y se desarrollan simultáneamente, conviven, no compiten en nosotros, y se desarrollan y completan ordenada y armónicamente nuestra vida.
En Dios no hay un ser unidimensional; se manifiesta en sus tres dimensiones fundamentales (tres personas, tres relaciones y tres misiones).
Dios Padre, nuestro, cercano, tierno, amoroso (el Abba = papá), misericordioso, respetuoso de la libertad de sus hijos, dispuesto a acoger al hijo pródigo y a perdonar siempre.
En Jesús, el Hijo, Dios ha tomado un rostro humano, fraterno, cercano, que está “en torno” a nosotros, hermano nuestro.
Y un Dios que está en las profundidades de nuestro ser, en el interior, dentro de nosotros, que habita en nosotros: el Espíritu Santo. “Dios es más íntimo a mí que yo mismo” (San Anselmo de Canterbury O.S.B. [1033-1109]).
Para terminar, una imagen que puede servir para comprender este misterio que celebramos:
Una es la luz y tres los resplandores.
Una es la llama y tres los ardores.
Una es la hermosura y tres los hermosos.
“El Padre es el que ama, el Hijo es el Amado y el Espíritu Santo es el Amor” (San Agustín de Hipona).
Feliz solemnidad de la Santísima Trinidad.
Los bendice su párroco
Pbro. Juan Debesa C.