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Queridas hermanas y hermanos en el Señor:
En junio celebramos a varios santos muy importantes, entre ellos a San Juan el Bautista y a los santos Pedro y Pablo.
San Juan el Bautista
San Juan el Bautista, gran hombre, precursor del Señor, nació del vientre de una anciana estéril. Entre los nacidos de mujer no ha surgido nadie mayor que Juan Bautista. Su nacimiento será motivo de alegría para muchos.
Su nombre es Juan, es decir, Yojanan: Dios da su gracia, su piedad, su favor, su compasión y su misericordia.
La misión de Juan es señalar al Cordero de Dios, presentarlo. Es conveniente que Él crezca y que yo disminuya. No soy el que imagináis; yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia.
Viene uno detrás de mí, que es más grande que yo. Juan debe preparar un pueblo bien dispuesto para recibir al Señor. Se destacan la humildad de Juan y su alegría por anunciar al Cordero de Dios. Él precederá al Señor en su venida con el espíritu y el poder de Elías, preparando al Señor un pueblo bien dispuesto.
A ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos. Serás grande a los ojos del Señor y estarás lleno del Espíritu Santo.
Juan vino como testigo para declarar en favor de la verdad. Juan era la lámpara que arde y que ilumina. Juan era la voz; el Señor, la Palabra que existía al comienzo de las cosas. Juan era una voz pasajera; Cristo, la Palabra eterna desde el Principio.
Juan predicaba un bautismo de penitencia y de arrepentimiento. Detrás de Juan viene uno que los bautizará con el Espíritu Santo y el fuego.
Juan saltó de gozo en el vientre de Isabel al percatarse de la presencia de Jesús en el seno de María.
Como Juan, nosotros hemos sido elegidos y llamados a seguir a Cristo siempre en fidelidad.
Como Juan, nosotros hemos de anunciar al Señor a los demás con el testimonio de vida, para que lo reconozcan.
Como Juan, aprendamos a ser humildes, para que brille Cristo a los ojos de los demás.
Como Juan, seamos testigos de la verdad con valentía, tenacidad, firmeza, radicalidad y consecuencia, sin temor a la tribulación y al desprecio de los demás.
San Pedro y San Pablo
Simón, hijo de Juan, pescador del lago de Galilea, elegido por Cristo el primero entre los Doce para ser servidor de todos y confirmar en la fe a sus hermanos; apellidado por Cristo "Pedro" para ser la piedra visible, fundamento de la unidad de la Iglesia; designado por Cristo pastor para apacentar todo el rebaño de Dios.
Desarrolló su actividad apostólica en Jerusalén, en Antioquía de Siria y, definitivamente, en Roma, como primer obispo de aquella comunidad incipiente. En Roma fue crucificado el año sesenta y cuatro (64 d. C.), durante la persecución del emperador Nerón. Dio testimonio de Jesucristo con su palabra y con su sangre. Fue sepultado en la colina Vaticana.
Y Pablo, de Tarso, celoso observante de la ley mosaica, perseguidor de la Iglesia de Dios, convertido a Cristo en el camino de Damasco, ¡el Apóstol de todas las gentes!
Viajero infatigable, recorrió una y otra vez extensas regiones de Asia Menor y Europa Oriental, fundando numerosas comunidades cristianas.
Sus cartas, dirigidas a diversas Iglesias locales, son alimento sustancioso del que se nutre la Iglesia de todos los tiempos. En la carta a los cristianos de Roma expresa su deseo de ir a Hispania, deseo que probablemente realizó. Consumó su pasión en Cristo, decapitado a las afueras de Roma el año sesenta y siete (67 d. C.).
Nuestra comunidad de fe y esperanza se funda en el mensaje de Pedro y Pablo, testigos del Señor de la gloria.
Los bendice su párroco,
P. Juan Debesa Castro