"Unidos en Cristo para Evangelizar"
07 de Mayo de 2026
Jesús no nos abandona (Juan 14, 15-21)
 



Jesús declara que todas las enseñanzas dadas a lo largo del Evangelio no se invalidan con su partida, sino todo lo contrario: permanecen válidas para siempre

Queridas hermanas y hermanos:

Seguimos en el ambiente del Cenáculo, en la Última Cena. Los discípulos están conmovidos por el dolor de la separación y se preguntan cómo serán las cosas después de la partida de Jesús.

A veces sucede que también, en la relación con Jesús, uno puede llegar a tener la percepción de que Él está lejos de nuestras vidas, que lo sentimos poco y que es prácticamente inalcanzable.

Pero Jesús demuestra que, así como no abandonó a sus discípulos, tampoco nos abandona; siempre estará presente, nos comparte su vida y, así como Él y el Padre son uno, así estará en nosotros.

¿Cómo lo hace? Anuncia la venida de otra ayuda para sus discípulos: el Espíritu de la Verdad, y también su propia venida. Jesús declara que todas las enseñanzas dadas a lo largo del Evangelio no se invalidan con su partida, sino todo lo contrario: permanecen válidas para siempre.

La exhortación para amarnos unos a otros como Él nos amó es el único mandamiento de Jesús (Juan 13,34). El amor no consiste en palabras, sentimientos o recuerdos, sino que se demuestra o se verifica en la capacidad de escucha y en la obediencia a las enseñanzas del Maestro Jesús. El verdadero amor a Jesús se traduce en seguimiento de Jesús. Amar es querer, adherirse al amado y asumir su voluntad.

Quien está unido a Jesús recibe por parte de Dios el don prometido: el Espíritu Santo. Al Espíritu, Jesús lo llama “Paráclito”, es decir, Consolador, abogado, ayudador, compañero. El Espíritu es una nueva ayuda para la vida de los discípulos: Él hace posible el seguimiento, Él capacita para vivir el difícil mandato del “amor”, Él asiste a los discípulos en momentos duros de la tribulación. La acción del Espíritu se describe con precisión: viene como un nuevo “apoyo”. Jesús se va, pero les deja su Espíritu.

Hasta ahora Jesús ha sido el apoyo para sus discípulos: se ocupó de ellos, se puso a su servicio, los guio, les dio ánimo y fuerza. Como Buen Pastor, Jesús no los dejó nunca abandonados a su suerte; siempre estuvo a su lado. Ahora Jesús se va, pero no quedarán solos: el Padre les dará otro Consolador, el Espíritu Santo, que estará siempre con ellos, al lado de ellos y en ellos.

Es el Espíritu de la Verdad, aquel que hace permanecer a los discípulos en la “Verdad” transmitida por Jesús; es el que da testimonio de Él, como el que continúa con su ministerio terrenal y los protege tanto de los falsos maestros como de las opciones equivocadas.

Todas estas acciones del Paráclito operan también en nosotros. Es nuestro guía, maestro y compañero de camino, que nos recuerda todo lo que el Señor nos dijo y enseñó; es la memoria de la Iglesia.

En fin, Jesús nos asegura que no quedaremos huérfanos. Su ausencia no crea orfandad, sino una nueva presencia por el Espíritu Santo, el Paráclito.

Jesús nos deja, pero volverá.

Feliz Domingo sexto de Pascua.

 

Los bendice su párroco,
P. Juan Debesa C.

 


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