"Unidos en Cristo para Evangelizar"
15 de Mayo de 2026
La Ascensión del Señor a los cielos
 



El Señor volverá. Eso mantiene viva la esperanza de la Iglesia y de todos nosotros

?Queridas hermanas y hermanos:

Celebramos la Ascensión de Jesús, esto es, la vuelta del Señor al Padre para enviarnos al Espíritu Santo y seguir estando con nosotros para siempre de otra forma; siempre con nosotros, como lo prometió: “Yo estaré siempre con vosotros hasta el fin del mundo”.

“Alzad vuestra esperanza, porque ha quedado el ancla clavada; si la tormenta agita el oleaje, no se agite la fe del navegante, que en la ribera Cristo nos amarra”. Con estas palabras el poeta nos señala que ya algo nuestro está al otro lado: nuestra naturaleza humana, enaltecida en Cristo, que se ha llevado nuestra condición humana al cielo.

El Señor volverá al fin de los tiempos para terminar lo que ha comenzado a gestarse en su Ascensión: nuestra entrada definitiva en la casa del Padre.

La Ascensión de Jesucristo es ya nuestra victoria, y donde nos ha precedido Él, que es nuestra cabeza, esperamos llegar también nosotros como miembros de su cuerpo. Con Él se ha ido algo nuestro; algo de nosotros está allá (nuestra humanidad). Con Él podemos decir que ya hemos entrado en el cielo. Solo falta que, a lo largo de los siglos, por la acción evangelizadora de la Iglesia, se vaya cumpliendo la plenitud en Cristo en cada uno de nosotros.

Cristo intercede por nosotros desde la diestra del Padre. No estamos solos en el camino de la vida. Desde el cielo, Cristo intercede por nosotros y nos asegura la fuerza permanente del Espíritu Santo. Se ha quedado con nosotros para siempre. No se ha desentendido de este mundo.

La Eucaristía es el signo eficaz y real de esa presencia de Cristo vivo junto al Padre y a su Iglesia. Cristo está siempre presente en su Iglesia: en la Palabra, en la Eucaristía y en la comunidad reunida que celebra el misterio del Señor Resucitado cada domingo.

El Señor volverá. Eso mantiene, o debería mantener, viva la esperanza de la Iglesia y de todos nosotros en el camino por este mundo a lo largo de los siglos.

María, en su Asunción a los cielos (15 de agosto), participa ya de esta gloria y, como el primer miembro de este cuerpo, nos precede y es la primera en estar allá junto a su Hijo. María es esperanza nuestra, porque en ella todos gozaremos de la gloria celestial.

 

“Él subió sin alejarse de nosotros; así también nosotros estamos ya con Él allí, aunque todavía no se haya realizado en nuestro cuerpo lo que se nos promete”.

“Él está allí, pero continúa estando con nosotros; nosotros, estando aquí, estamos también con Él. Cuando Él bajó a nosotros, no dejó el cielo; tampoco nos ha dejado a nosotros al volver al cielo. Cristo ya no subió Él solo; nosotros subimos también en Él y con Él por la gracia. Cristo descendió Él solo, pero ya no ascendió Él solo; nosotros subimos con Él”, San Agustín de Hipona.

 

Los bendice su párroco y feliz Domingo de la Ascensión, 
P. Juan Debesa C.

 
 
 
 


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