"Unidos en Cristo para Evangelizar"
30 de Octubre de 2026
A propósito de Halloween
 



Antecedentes históricos, su transformación a través de distintas tradiciones y la esperanza cristiana en la Resurrección

Queridos hermanos en el Señor:

Se acerca la solemnidad de Todos los Santos y la también llamada fiesta de Halloween. Halloween proviene de la expresión inglesa All Hallows' Eve, que significa “Víspera de Todos los Santos”, ya que se refiere a la noche del 31 de octubre, víspera de la fiesta de Todos los Santos. Sin embargo, la antigua costumbre anglosajona le ha robado su estricto sentido religioso para celebrar en su lugar la noche del terror, de las brujas y los fantasmas. Halloween marca un triste retorno al antiguo paganismo, tendencia que se ha propagado también entre los pueblos hispanos.

El origen de la celebración de Halloween se inició con los celtas, antiguos pobladores de la Europa oriental, occidental y parte de Asia Menor. Entre ellos habitaban los druidas, sacerdotes paganos adoradores de los árboles, especialmente del roble. Ellos creían en la inmortalidad del alma, la cual, decían, se introducía en otro individuo al abandonar el cuerpo, pero el 31 de octubre volvía a su antiguo hogar a pedir comida a sus moradores, quienes estaban obligados a hacer provisión de ella.

El año céltico concluía en esta fecha, que coincide con el otoño, cuya característica principal es la caída de las hojas. Para ellos significaba el fin de la muerte o la iniciación de una nueva vida. Esta enseñanza se propagó a través de los años, juntamente con la adoración a su dios, el “señor de la muerte”, o “samagin”, a quien en este mismo día invocaban para consultarle sobre el futuro, la salud, la prosperidad, la muerte, entre otros asuntos.

Cuando los pueblos celtas se cristianizaron, no todos renunciaron a las costumbres paganas, es decir, la conversión no fue completa. La coincidencia cronológica de la fiesta pagana con la fiesta cristiana de Todos los Santos y la de los Difuntos, que es el día siguiente (2 de noviembre), hizo que se mezclaran. En vez de recordar los buenos ejemplos de los santos y orar por los antepasados, se llenaban de miedo ante las antiguas supersticiones sobre la muerte y los difuntos.

Algunos inmigrantes irlandeses introdujeron Halloween en los Estados Unidos, donde llegó a ser parte del folclore popular. Se le añadieron diversos elementos paganos tomados de los diferentes grupos de inmigrantes hasta llegar a incluir la creencia en brujas, fantasmas, duendes, Drácula y monstruos de toda especie. Desde ahí, se ha propagado por todo el mundo. El 31 de octubre por la noche, en los países de cultura anglosajona o de herencia celta, se celebra la víspera de la fiesta de Todos los Santos, con toda una escenografía que antes recordaba a los muertos; luego, con la llegada del cristianismo, a las almas del purgatorio, y que ahora se ha convertido en una ensalada mental en la que no faltan creencias en brujas, fantasmas y cosas similares.

En cambio, en los países de cultura mediterránea, el recuerdo de los difuntos y la atención a la muerte se centran en el 2 de noviembre, el día siguiente a la celebración de la resurrección y la alegría del paraíso que espera a la comunidad cristiana, una familia de santos como la entendía san Pablo.

Diversas tradiciones se unen, se mezclan y se influyen mutuamente en este comienzo de noviembre en las culturas de los países occidentales. En Asia y África, el culto a los antepasados y a los muertos tiene fuertes raíces, pero no está tan ligado a una fecha como en nuestra cultura. Hoy en día, aunque menos que antaño, se siguen visitando los cementerios, se arreglan las tumbas con flores, se recuerda a los familiares difuntos en la Misa y se reza por ellos; en las casas se habla de la familia, de todos los vivos y de los que han pasado a otra vida.

Sin embargo, para los creyentes es la fiesta de Todos los Santos la que verdaderamente tiene relevancia y refleja la fe en el futuro para quienes esperan y viven según el Evangelio predicado por Jesús.

El respeto a los restos mortales de quienes murieron en la fe y su recuerdo se inscribe en la veneración de quienes han sido “templos del Espíritu Santo”.

Como asegura Bruno Forte, profesor de la Facultad Teológica de Nápoles, al contrario de quienes no creen en la dignidad personal y desvalorizan la vida presente creyendo en futuras reencarnaciones, el cristiano tiene “una visión en las antípodas”, ya que “el valor de la persona humana es absoluto”. Es ajena también al dualismo heredero de Platón, que separa el cuerpo y el alma. “Este dualismo y el consiguiente desprecio del cuerpo y de la sexualidad no toma parte del Nuevo Testamento para el que la persona después de la muerte sigue viviendo en tanto cuanto es amada por Dios”. Dios, añade el teólogo, “no tiene necesidad de los huesos y de un poco de polvo para hacernos resucitar. Quiero subrayar que en una época de ‘pensamiento débil’, en la que se mantiene que todo cae siempre en la nada, es significativo afirmar la dignidad del fragmento que es cada vida humana y su destino eterno”.

La fiesta de Todos los Fieles Difuntos fue instituida por san Odilón (Odón), monje benedictino y quinto abad de Cluny, en Francia, el 31 de octubre del año 998. Al cumplirse el milenario de esta festividad, el papa Juan Pablo II recordó que “San Odilon (Odon) deseo exhortar a sus monjes a rezar de modo especial por los difuntos. A partir del Abad de Cluny comenzó a extenderse la costumbre de interceder solemnemente por los difuntos, y llego a convertirse en lo que San Odilon llamo la Fiesta de los Muertos, practica todavía hoy en vigor en la Iglesia Universal”.

“Al rezar por los muertos, la Iglesia contempla sobre todo el misterio de la resurrección de Cristo que por su cruz nos obtiene la salvación y la vida eterna. La Iglesia espera en la salvación eterna de todos sus hijos y de toda la humanidad”.

Tras subrayar la importancia de las oraciones por los difuntos, el Papa afirma que las “oraciones de intercesión y de suplica que la Iglesia no cesa de dirigir a Dios tienen un gran valor. El Señor siempre se conmueve por las suplicas de sus hijos, porque es Dios de vivos y de muertos. La Iglesia cree que las almas del Purgatorio ‘son ayudadas por la intercesión de los fieles y sobre todo, por el sacrificio propiciatorio del altar’, así como ‘por la caridad y otras obras de piedad’”. En razón de ello, se exhorta a los católicos “a rezar con fervor por los difuntos, por saus familias y por todos nuestros hermanos y hermanas que han fallecido, para que reciban la remisión de las penas debidas a sus pecados y escuchen la llamada del Señor”.

Finalmente, hay que señalar que una cultura de consumo, que propicia y aprovecha las oportunidades para hacer negocios, sin importar cómo, es lo que Hollywood ha contribuido a la difusión de Halloween con una serie de películas en las cuales la violencia gráfica y los asesinatos crean en el espectador un estado morboso de angustia y ansiedad. Estas películas son vistas por adultos y niños, creando en estos últimos miedo y una idea errónea de la realidad. Halloween hoy es, sobre todo, un gran negocio. Máscaras, disfraces, dulces, maquillaje y demás artículos necesarios son un motor más que suficiente para que algunos comerciantes fomenten el “consumo del terror”. Se busca, además, favorecer la imitación de las costumbres norteamericanas por considerarse que esto está bien porque este país tiene chapa de “superior”.

¡Feliz fiesta de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos!


Los bendice su párroco, 

P. Juan Debesa C.


Dirección: Avenida Vitacura #7401, Comuna de Vitacura Teléfonos: (+56 2) 2242 2401   Mail: contacto@loscastanos.cl