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El Papa León XIV, en una de sus recientes catequesis, exhortó a la Iglesia a volver al Concilio Vaticano II a través de la lectura directa de sus documentos. A sesenta años de su clausura, el Pontífice subrayó la vigencia y la fuerza profética de aquel acontecimiento, que sigue orientando el camino de la Iglesia en un mundo marcado por profundos cambios sociales y culturales.
Esta invitación nos obliga a recordar el contenido doctrinal de este Concilio. Adelantemos que los documentos del Concilio Vaticano II reconocen un valor relevante a los laicos en la evangelización.
Para entender el sentido del llamado, recordemos que los concilios son una de las expresiones más altas de la colegialidad episcopal. A través de ellos, la Iglesia cumple el mandato del Señor de enseñar, guiar y santificar a su pueblo (cf. Mt 28,19). El Código de Derecho Canónico regula esta asamblea diferenciando entre el Concilio Ecuménico (universal) y los concilios particulares. El primero solo puede ser convocado por el Papa.
El concilio es una asamblea diferente al sínodo, que es una asamblea de obispos que se reúnen en ocasiones determinadas para fomentar la unión estrecha entre el Romano Pontífice y los obispos, y ayudar al Papa con sus consejos para la integridad y mejora de la fe y las costumbres, la conservación y el fortalecimiento de la disciplina eclesiástica, y estudiar las cuestiones que se refieren a la acción de la Iglesia en el mundo (canon 342 del Código de Derecho Canónico).
En la historia de la Iglesia se han celebrado muchos concilios, pero solo han tenido el carácter de ecuménicos los siguientes 21: Concilio de Nicea (325), Concilio I de Constantinopla (381), Concilio de Éfeso (431), Concilio de Calcedonia (451), Concilio II de Constantinopla (553), Concilio III de Constantinopla (680-681), Concilio II de Nicea (787), Concilio IV de Constantinopla (869-870), Concilio I de Letrán (1123), Concilio II de Letrán (1139), Concilio III de Letrán (1179), Concilio IV de Letrán (1215), Concilio de Lyon (1245), Concilio II de Lyon (1274), Concilio de Vienne (1311-1312), Concilio de Constanza (1414-1418), Concilio de Basilea-Ferrara-Florencia (1431-1442), Concilio V de Letrán (1512-1517), Concilio de Trento (1545-1563), Concilio Vaticano I (1869-1870) y Concilio Vaticano II (1962-1965).
El Concilio Vaticano II fue convocado por San Juan XXIII (1958-1963). En el Discurso de Apertura del Concilio Vaticano II, el jueves 11 de octubre de 1962, el Papa Roncalli señalaba: “Al convocar esta solemnísima asamblea, se ha propuesto afirmar, una vez más, la continuidad del Magisterio eclesiástico, para presentarlo en forma excepcional a todos los hombres de nuestro tiempo, teniendo en cuenta las desviaciones, las exigencias y las circunstancias de la edad contemporánea”. La intención de San Juan XXIII era que la Iglesia fuera iluminada “por la luz de este Concilio, para crecer en riquezas espirituales y, al sacar de ellas fuerza para nuevas energías, mirará intrépida a lo futuro. En efecto, con oportunas ‘actualizaciones’ y con un prudente ordenamiento de mutua colaboración, la Iglesia hará que los hombres, las familias y los pueblos vuelvan realmente su espíritu hacia las cosas celestiales”.
El 3 de junio de 1963 falleció San Juan XXIII, sucediéndole Pablo VI (1963-1978), quien retomaría las sesiones del Concilio el 29 de septiembre de 1963. En su ejecución se diferencian cuatro etapas y fue concluido el 8 de diciembre de 1965.
La intención del Concilio Vaticano II fue la renovación de la Iglesia, para cumplir más adecuadamente la misión confiada por Jesucristo.
Para cumplir con este llamado del Papa León XIV, tenemos que considerar la doctrina que nos legó el Concilio Vaticano II, la que consta en 16 documentos (se pueden consultar en www.vatican.va). El Vaticano II contiene las directrices acerca de la forma como debemos enfrentar los católicos los desafíos actuales. En esos documentos se distinguen cuatro constituciones: sobre la Sagrada Liturgia; sobre la Iglesia; sobre la Revelación y sobre la Iglesia en el mundo actual. Nueve decretos: los medios de comunicación social; el ecumenismo; las Iglesias orientales católicas; el oficio pastoral de los obispos; la renovación y adaptación de la vida religiosa; los seminarios; el apostolado seglar; la actividad misionera de la Iglesia; el ministerio y la vida de los sacerdotes. Y tres declaraciones: sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas; sobre la educación cristiana y sobre la libertad religiosa. Según su contenido, estos textos se ocupan de asuntos internos de la Iglesia (liturgia, colegialidad, primado del Papa) y de otros que establecen las bases para resolver la relación de la Iglesia insertada en el mundo (libertad religiosa, ética social).
En las columnas siguientes profundizaremos sobre la realidad anterior, con el objeto de obedecer al Santo Padre, que nos invita a volver al Concilio Vaticano II a través de la lectura directa de sus documentos.
Autor: Crodegango
Foto portada: Concilio de Nicea, 325. Fresco en el Salón Sixtino, Vaticano, 1590 / Por Giovanni Guerra (1544-1618), Cesare Nebbia (1534-1614) y ayudantes. Dominio Público.