"Unidos en Cristo para Evangelizar"
03 de Febrero de 2026
La familia y la crisis demográfica
 


Un documento conciliar de 1965 ya anticipaba esta realidad

Como se viene explicando, siguiendo la invitación del Papa León XIV a volver al Concilio Vaticano II, a través de la lectura directa de sus documentos (consúltalos haciendo clic aquí), en esta columna examinaremos lo dicho en el Concilio sobre la familia, dentro del contexto en que actualmente se encuentra esta institución, para confrontarla con el mensaje que, como católicos, estamos llamados a comunicar en esta materia.

Esta semana la prensa comunicaba que en 2036 la población en Chile comenzará a disminuir progresivamente y que podría llegar a 17 millones en 2070, cuando más de la mitad de las personas tenga 60 años o más.

Para lo que aquí interesa, la explicación de este fenómeno radica en que muchos jóvenes deciden iniciar caminos en los que la natalidad no juega un rol relevante o claramente no se considera, tal como se aprecia en los “matrimonios a prueba” o en las “uniones libres de hecho”. En ambos casos, se trata de realidades sin algún vínculo institucional (matrimonio civil o religioso) y que se explican tanto por la incapacidad de asumir cualquier tipo de compromiso como por razones de otra índole (principalmente económicas).

Desde el plano moral, la pérdida del sentido del pecado y la crisis moral es otro factor, puesto que para muchos hoy los mandamientos ya no mandan.

En el plano político, este fenómeno es el fruto de la actitud laxa de muchos políticos que han terminado por afectar la constitución de la familia. El camino fácil ha sido fomentar políticas de anticoncepción, que ven a los hijos como enemigos u obstáculos para los planes de vida. Los más radicales han llevado adelante su “cristianofobia”, viendo en las propuestas de la Iglesia arrebatos de fanatismo o incomprensión de “los problemas reales de la gente”.

Es interesante cómo el Concilio Vaticano II ya anticipaba esta realidad. En la Constitución pastoral Gaudium et Spes, sobre la Iglesia en el mundo actual (aprobada el 7.12.1965), se lee:
“(…) muchedumbres cada vez más numerosas se alejan prácticamente de la religión. La negación de Dios o de la religión no constituye, como en épocas pasadas, un hecho insólito e individual; hoy día, en efecto, se presenta no rara vez como exigencia del progreso científico y de un cierto humanismo nuevo. En muchas regiones esa negación se encuentra expresada no sólo en niveles filosóficos, sino que inspira ampliamente la literatura, el arte, la interpretación de las ciencias humanas y de la historia y la misma legislación civil. Es lo que explica la perturbación de muchos”.

Como experta en humanidad, el mismo documento de la Iglesia señala que “entre las numerosas cuestiones que preocupan a todos, haya que mencionar principalmente las que siguen: el matrimonio y la familia (…)” (n. 46).

Es muy contracultural hoy el mensaje de este documento del Concilio Vaticano II, cuando expone la forma de enfrentar el problema que se examina, especialmente en los puntos 47 al 52, que desarrolla las siguientes bases:

  • El bienestar de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligado a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar.

  • El carácter sagrado del matrimonio y de la familia. Fundada por el Creador y en posesión de sus propias leyes, la íntima comunidad conyugal de vida y amor se establece sobre la alianza de los cónyuges, es decir, sobre su consentimiento personal e irrevocable. Así, del acto humano por el cual los esposos se dan y se reciben mutuamente, nace, aun ante la sociedad, una institución confirmada por la ley divina.

  • El amor conyugal. El matrimonio y el amor conyugal están ordenados por su propia naturaleza a la procreación y educación de la prole. Los hijos son, sin duda, el don más excelente del matrimonio y contribuyen sobremanera al bien de los propios padres.

  • En el deber de transmitir la vida humana y de educarla, los cónyuges saben que son cooperadores del amor de Dios Creador.

  • La familia es escuela del más rico humanismo. Para que pueda lograr la plenitud de su vida y misión, se requieren un clima de benévola comunicación y unión de propósitos entre los cónyuges y una cuidadosa cooperación de los padres en la educación de los hijos.

  • Pertenece a los sacerdotes, debidamente preparados en el tema de la familia, fomentar la vocación de los esposos en la vida conyugal y familiar con distintos medios pastorales, con la predicación de la palabra de Dios, con el culto litúrgico y otras ayudas espirituales; fortalecerlos humana y pacientemente en las dificultades y confortarlos en la caridad para que formen familias realmente espléndidas.

Pidamos al Espíritu Santo que nos dé luces para defender a la familia cristiana.


Autor: Crodegango

 






Dirección: Avenida Vitacura #7401, Comuna de Vitacura Teléfonos: (+56 2) 2242 2401   Mail: contacto@loscastanos.cl