"Unidos en Cristo para Evangelizar"
29 de Abril de 2026
Cristianismo y nihilismo
 


Es urgente redoblar el esfuerzo apostólico para anunciar el Evangelio

Como se explicaba en la editorial anterior, la historia del cristianismo se ha caracterizado por una lucha contra diferentes corrientes filosóficas que buscan suprimir el sentido del mensaje cristiano. Lo anterior ocurre con el nihilismo, que es una concepción de la vida muy presente entre nosotros.

La expresión nihilismo deriva del latín nihil, que significa nada. El nihilismo, como corriente filosófica, sostiene que la existencia carece de sentido, propósito, valor objetivo o verdad absoluta. Existe un nihilismo moral, que niega la existencia de principios morales válidos; un nihilismo metafísico, que niega la realidad (la verdad de las cosas).

La visión nihilista tiene como objetivo invitar a diluir la moral, para que cada individuo se emancipe y sea él mismo. Lo anterior explica que juicios morales defendidos por el cristianismo se estimen como profundamente errados; cada individuo debe emanciparse de las categorías morales para que viva auténticamente. Esta filosofía alienta a dar rienda suelta a la pura creatividad de cada sujeto, para que determine, sin límite, los valores en que cree.

Nuestro modelo educativo facilita que muchos jóvenes busquen hoy respuestas a sus problemas desde el nihilismo. Por esta vía de cuestionamiento a los valores conocidos, se termina muchas veces asumiendo actitudes vitales llenas de angustia, resentimiento, odio y violencia.

Una prueba de lo anterior se aprecia en la página web del Ministerio de Educación, en el contenido dedicado al “Currículum Nacional”, donde se incluyen como lecturas varias fuentes directas del filósofo alemán Nietzsche, en las que incluso, mediante cómics, se invita a los jóvenes a sumarse a estas consignas: “lo único que existe es el yo”, “(…) pensar por sí mismo ¡para poder crear un sistema de valores propio y consistente!”.

La penetración del nihilismo explica el alto porcentaje de jóvenes que no consideran el matrimonio como institución para toda la vida; que acepten de manera acrítica que se debe defender a la familia organizada con base en un matrimonio celebrado entre un hombre y una mujer; que no conciban como forma de violencia la posibilidad de eliminar a un ser humano mediante el aborto o la eutanasia; que se vistan de overoles blancos para quemar establecimientos educacionales o el transporte público.

En el nihilismo no hay espacio para lo espiritual. No existe en él la posibilidad de una experiencia religiosa. Tener un encuentro con Dios, que se ha hecho hombre en Cristo, ni se lo plantea ni parece que le interese. El nihilista estará más disponible para otras vivencias, aunque ellas no cambien el sentido trágico por el que ha elegido transitar y que lo convierten en un auténtico ser doliente.

El nihilista siempre cae en la desesperación por la falta de sentido de su vida. Como hombre que solo reconoce dudas en todo y todo lo niega, debe buscar soluciones coherentes a su forma de actuar. Antes, frente al dolor espiritual que produce el pecado, se acudía al director espiritual; hoy se acude al psicólogo o al psiquiatra en busca de consejo y ayuda. En la “Undécima Encuesta Nacional de Juventudes” del INE, publicada en 2025, se consigna que “las dimensiones vinculadas a las relaciones interpersonales de las juventudes muestran datos alarmantes: tanto el aumento de la violencia como los problemas de salud mental sugieren desarrollar esfuerzos para seguir promoviendo mecanismos de sana convivencia y comunicación, así como también el aumento de la oferta en salud mental y bienestar juvenil”. Entre los principales diagnósticos se encuentran la ansiedad (34 %), la depresión (27 %) y el estrés (17 %).

Tenemos que redoblar nuestro afán apostólico para difundir el mensaje del Evangelio, para que muchos descubran a Cristo, que es Verdad y Vida.






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