"Unidos en Cristo para Evangelizar"
31 de Julio de 2026
El exorcismo hoy
 


No debe impresionarnos que se practiquen exorcismos, puesto que ello ya lo realizó Cristo en varias ocasiones, revelando el poder que Dios tiene sobre el demonio

 

No tiene base teológica y constituye un grave error negar la existencia del diablo y su influencia en el mundo.

La Constitución Dogmática sobre la Iglesia, Lumen Gentium, después de describir los caminos de salvación que Dios ha previsto para los hombres, señala: «Pero con mucha frecuencia los hombres, engañados por el Maligno, se envilecieron con sus fantasías y trocaron la verdad de Dios en mentira, sirviendo a la criatura más bien que al Creador (cf. Rm 1,21 y 25), o, viviendo y muriendo sin Dios en este mundo, se exponen a la desesperación extrema».

Los papas postconciliares, San Pablo VI, San Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco han mantenido la enseñanza tradicional sobre la realidad de Satanás, advirtiendo sobre su nefasta actuación en la vida de los creyentes.

La Iglesia Católica ha desarrollado diferentes criterios para discernir la acción demoníaca en la vida de una persona. En la actualidad, la práctica del exorcismo se admite una vez agotadas las posibles respuestas científicas, para dar paso a los medios sobrenaturales con los que enfrentar una posesión demoníaca. Mientras no se descarte la presencia de trastornos psicológicos, mentales o de fenómenos naturales, no se realiza un exorcismo. En este punto es interesante consultar el reciente libro del psiquiatra José Miguel Gaona, Posesión (Madrid: La Esfera de los Libros, 2026), que explica la actuación conjunta del mundo científico y del religioso en los exorcismos.

No debe impresionarnos que se practiquen exorcismos, puesto que ello ya lo realizó Cristo en varias ocasiones, revelando el poder que Dios tiene sobre el demonio.

La Iglesia regula actualmente este rito en el De Exorcismis et Supplicationibus quibusdam (De Exorcismos y Ciertas Súplicas). El exorcismo debe contar siempre con la autorización del obispo de la diócesis, quien debe conceder licencia para su práctica solamente a un presbítero piadoso, docto, prudente y con integridad de vida (canon 1172 del Código de Derecho Canónico). La estricta regulación de este rito se explica por lo delicado de la situación que se enfrenta, esto es, una manifestación del demonio que hace el mal mediante la posesión de personas. Una situación de esta envergadura debe huir de todo sensacionalismo y no puede presentarse como un espectáculo digno de los matinales de televisión, atendida la gravedad moral de lo que allí se enfrenta. El poseído es una persona que sufre mucho y también es un hijo de Dios, digno del mayor respeto y consideración.

La actuación del demonio actualmente está facilitada por la banalización del mal. Logrado ese efecto, se normalizan conductas que ofenden a Dios (eso es el pecado), y ello facilita que el diablo haga lo suyo, que es difundir el mal a través de la mentira. El objetivo del demonio es que los hombres no teman al pecado. Más que temer al diablo, debemos sentir aversión al pecado, que es la opción de vida que puede abrir la puerta a la terrible experiencia de la posesión diabólica.

El exorcismo no es lo que presentan las películas de Hollywood, que centran siempre su interés en mostrar la espectacularidad que tiene expulsar al maligno de una persona poseída. Por el contrario, el objetivo de todo exorcismo es que las personas vuelvan a profesar la adoración que todos le debemos a Dios. La función del diablo, en su odio a Dios, es oponerse al plan de salvación de los hombres y llevarlos a la perdición.

Muchos hoy estiman que no conviene abordar este tema, para no asustar o porque no sintoniza con la mentalidad de nuestra época. Es incomprensible también que algunos tengan un miedo desmesurado al demonio, pero no a las situaciones que pueden llevar a que el príncipe del mal actúe en ellos, incluida la terrible experiencia de la posesión diabólica.

Nosotros debemos reforzar nuestra vida de oración, la cercanía a los sacramentos y las súplicas a Santa María, que han sido siempre armas eficaces en esta lucha contra el mal.






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